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Regresar, no la primera vez, no la segunda, sino la última.

Un suspiro inmenso y profundo se escapa de mi interior cuando escribo el título. Hace unos 3 años atrás volvía por primera primera vez a pisar mi realidad. Me gusta llamarla así: “Mi realidad” porque mas allá de donde haya ido o por cuanto tiempo estuve, mi realidad es aquella a la que pertenezco. Mi realidad es el español, son los Andes, La pampa, las sierras, la familia, el pan y queso, los ravioles de la abuela, la pastafrola, el dulce de leche, los amigos y el vino tinto. Mi realidad es Argentina con sus cosas hermosas y desastrosas. Puedo negarla, puedo ignorarla, puedo hacerme el desentendido, pero la verdad, es que la patria en el sur de todos los sures, es mi realidad.

Hoy la visito por tercera vez. Una visita que deja de serlo. Una visita que quiere convertirse en algo permanente. Todo ciclo comienza y termina donde empezó. Puede volver a empezar, así como sucedió tantas otras veces, pero también puede terminar. Me gustaría que termine. Siento profundamente el deseo de formar parte de mi tierra, de ayudarla a crecer, de ser uno más de los que lucha y tira para adelante.potrero

Hace un tiempo, creo que en la primer nota de 2 años de viaje, escribí sobre cuanto nos cambia hacer un viaje por tan largo tiempo. Alguna vez también lo veneré, puedo haber dicho que viajar era la solución de la vida y hasta puedo haberte dicho… “Dejá todo y andate de viaje!”. Hoy no lo veo tan así. Viajar me abrió la cabeza y me trajo miles de preguntas. Viajar fue una forma de cortar camino hacia algo que puede llevar mucho tiempo encontrar: La propia identidad. Cuando viajo, siento que nadie me juzga. Nadie me dice que hacer y como hacerlo. Nadie se me caga de risa de lo que siento. Por eso siento el viajar como algo tan placentero, porque me hace sentir casi libre y feliz. ¿Pero por cuanto tiempo?. Lo que en principio solo sería un año, año y medio de viaje, se convirtió en 4 años. Una manera de vivir, una rutina diaria. Para quien no está acostumbrado, puede preguntarse, ¿Cómo viajar puede ser una rutina diaria? Pensemos en la rutina que llevamos todos los días. Levantarnos, desayunar, ir a trabajar, almorzar, volver a trabajar, volver a casa, alguna actividad extra, cenar, bañarnos e irnos a dormir. Todo aquello sucede en un espacio geográfico específico… Buenos Aires, Cordoba, San Luis, etc. Mi vida es igual. Mi hogar es una habitación de hostel o casa de huesped que me aloja por un tiempo. La comida, sabe diferente, pero es comida. El trabajo es recorrer, conocer, viajar en bondi. Disfruto de sentarme a almorzar, tomar el té, cenar en diferentes lugares. Me siento horas frente a la computadora para poder empujar este blog, comunicarme con amigos, familia. La rutina es la misma lo que cambia es lo que me rodea. Y creeme que aunque suene absurdo, la rutina de viajar puede volverse tan insoportable como la de vivir en un único lugar.

Hoy vuelvo a casa, vuelvo a aquello que extrañé y me pregunto si solo son unas ganas o de verdad quiero empaparme de la celeste y blanca. Recuerdo las veces anteriores que volví, a los meses ya estaba mirando un pasaje para irme.

Regresar es algo mas que comprar un pasaje de vuelta. Es mas que ver a los amigos de nuevo, a los familiares, tu casa, tu cama, tus recuerdos. Regresar es enfrentarse a todo eso que uno dejó en el camino y aplicar aquello que aprendió caminando. De nada sirve volver soberbio creyendo que sabemos mas, creyendo que quien se quedó vivió menos que nosotros. Regresar es parte del proceso de aprendizaje, es parte del ciclo de viajar. Porque a veces siento que uno en realidad viaja para anhelar el regresó.DSC_2585

Cuando empecé a viajar recuerdo haber contado en algún post sobre las preguntas que la gente te hace cuando uno toma esa decisión. ¿Por cuánto tiempo te vas? ¿Vas a volver? ¿Qué vas hacer? ¿Por qué te vas? Y… ¿cuando te vas a casar y hacer la vida normal?.

Pero el regreso tiene sus preguntas también, que inclusive suelen ser mas difíciles de contestar que las que nos hacen en la partida: ¿Y ahora que vas hacer? ¿Seguís de novio? ¿Ahora te vas asentar? ¿Cuando te vas de nuevo?, figurita repedita “¿Te vas a casar y tener hijos?” Y la típica frase… “No vuelvas mas a este país de mierda”.

La primera vez me asusté. La segunda vez, me relajé. Hoy, no me importa. Argentina es mi país, mi realidad, en donde yo puedo ejercer 100% mis derechos como ciudadano, donde puedo trabajar en lo que quiera y cuando quiera, aunque me digan lo contrario. Argentina es donde puedo dormir en casa de mis viejos y sentir ese calor de mi hogar. En donde puedo explicar hasta lo más difícil de explicar en palabras orales. Entonces regresar se hace un gusto y empiezan a aparecer muchas ideas. Claro que nunca dejaré de viajar, porque me hace sentir vivo, me reconforta y me mantiene despierto. Pero también me enfrento a otros desafíos. Hoy me resulta mas interesante regresar que seguir viajando.

Como experiencia propia me pasa que, regresar pensando en quedarme, me trae mucho estrés. Parece que uno debe contestar a todas esas preguntas que a uno le hacen e inclusive. Aparecen oportunidades que nos tientan. Aparecen las ofertas laborales de lo que hacíamos antes. Pero mas que nada, aparecen preguntas dentro de uno que responderlas pueden ser tan difíciles como llevarlas adelante.

Esta vez decidí volver de forma diferente a como había vuelto las veces anteriores. Esta vez quiero tomarme el tiempo en mi país para adaptarme. Para reinsertarme lentamente. Así poder mantener mis costumbres nómades y sedentarias, poder elegir hacer lo que descubrí que me gusta y no solo lo que me da dinero. Aprendí que nada es permanente, ni siquiera los sueños. No quiero vivir quejándome de quien me gobierna, ni de la economía. Todo pasa y como argentinos mas que nada, siempre fuimos capaces de sobrevivir y adaptarnos al cambio.

Quiero volver pero con el objetivo de ser feliz y auténtico tal como lo fui mientras viajaba. Quiero seguir hablando otros idiomas, quiero seguir haciendo kilómetros, viendo animales exóticos, estar en la montaña y luego en el mar y luego en el desierto. Y quizás pueda adaptarme viviendo así. Quizás no. Pero prefiero morir haciéndolo, a nunca haberlo intentado.GOPR0165

El regresar sin fecha de salida, sin pasaje de vuelta es otro viaje. El viaje que nos lleva a encontrarnos con lo conocido pero que ya no es más conocido. El retorno a la memoria pero con costumbres diferentes, con un cuerpo distinto al que se fue. Regresar luego de una experiencia tan movilizadora es como intentar volver al útero materno; ya no soy el mismo, ya me alimento de otra forma, ya respiro aire fresco, ya es imposible volver a ese lugar calentito donde podía hacer la planchita y no tenía que hacer nada para que eso funcione. Pero no se puede vivir en el pasado. El pasado solo nos ayuda a entender el presente. Mirar atrás y ver como esos puntos se conectaron unos a otros hasta dejarnos en donde estamos hoy. Mirar atrás y reconocer los ciclos que vivimos, que repetimos y de los cuales tendríamos que aprender. El ser humano a veces me desagrada, sin embargo, admiro siempre la capacidad a adaptarse a los cambios y sobrevivir. No hay en mi pasado un ciclo parecido de retorno. Considero que hoy empieza un nuevo ciclo, una nueva vida, algo que puede no estar relacionado en nada a lo que yo era, porque tal como lo dije, lo era. Hoy vuelvo con otras herramientas, otra mirada y otras ganas. Hoy ya estoy acá, sintiendo el mate, escuchando folcklore y apreciando aquello que no apreciaba antes de irme.

Mamá, Papá, familia….volví.

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One Response to Regresar, no la primera vez, no la segunda, sino la última.

  1. Edgardo 05/12/2015 at 11:12 pm #

    Bienvenido HIJO !!!!!!!!!!!!

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