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Australia: De pasada por Sydney

Llegué a Sydney dormido después de una larga noche en el aeropuerto de Perth. La idea era recorrer la ciudad, hacer algunas compras, visitar la famosa Opera House, Harbour Bridge y comer un pescado con papas fritas en el puerto. La primer visita, fue costosa, pero en la segunda, encontramos la forma de ahorrarnos el transporte desde el aeropuerto internacional de Sydney al aeropuerto de vuelos domésticos.¡Una ganga!

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Con los ojos pegoteados, miré alrededor y vi cientos de personas (y personajes) caminando para el mismo lugar. Los seguí, casi por inercia. Sin darme cuenta, estaba sobre las cintas transportadoras que evitan que caminemos todo el recorrido hasta dónde se encuentran las calesitas para retirar los bolsos.  Voy de nuevo.. gente en todas las calesitas: Arabes, Indios, Australianos, Mexicanos, Argentinos, blancos, negros, amarillos, pelo negro, violeta, rubio, con traje y con bermudas, descalzos y con botas de cowboy. Cientos de especímenes humanos esperando sus maletas. A lo lejos, veo la mochila roja mugrienta que viene rodando. Intento agarrar un carrito para poder cargar y ups! Está trabado. Miro arriba del carrito y me encuentro con el primer aviso que me recuerda que estoy en“el 1er mundo”, el cartel dice algo así: “Rent a trolley – 4 AUD. Alquile el carrito por 4 dólares”. No lo puedo creer. 4 dólares australianos para poder usar un carrito. Me voy caminando y saco la mochila sin carrito. Días después, leyendo sobre los aeropuertos de Sydney, me enteré que están considerados unos de los mas caros del mundo. Con razón.
La salida de los aeropuertos me hacen sentir importante, hasta que me encuentro con que nadie me espera. Me siento un modelo… se abren las puertas y aparezco yo, caminando, con la mejor cara de recién llegado, mientras un grupo de personas amontonadas frente a la baranda, elevan el cartel y repiten nombres. Algún día les voy hacer creer que soy la persona que esperan.

Me acerco al centro de información para pedir un mapa y preguntar cómo irme. La señora, atenta, me da un mapa y me indica, que la terminal local está a 3 kilómetros de este lugar. Según ella, no se puede ir caminando al centro de la ciudad, como tampoco es posible ir en transporte local, pero…, hay un tren recontraturístico que nos lleva al centro y nos deja cerca de la famosa Opera House. Le pregunto cómo hago para irme a la terminal de vuelos domésticos y me dice “Tomate el T-Bus” (?) a lo que respondo, “Ok, gracias por la información, Centro de Información”.

Busco la señal de T-Bus, o sea el colectivo que conecta el aeropuerto internacional con el local. Cuando la encuentro, me quedo en la fila esperando a subirme. Este colectivo, por lo general, en muchas ciudades del mundo es gratuito, en Sydney cuesta 5,50 dólares australianos. Si señor. Cuando me enteré, me negué, me enojé y me quedé sentado en el banquito de la parada. Chinchudo, le pregunto al vendedor de tickets si es posible caminar hasta la otra terminal. Me contesta de mala gana: “Vas a tardar 1 hora en llegar caminando son alrededor de 4 kilómetros. En el bus son 10 minutos.”

Perfecto, ¡no tengo apuro! La odisea del día, un treking por Sydney, ja! Salí, como quien cree que puede superar todos los obstáculos. Llegué a los primeros 300 metros y tuve que apoyar mis 25 kilos de equipaje y secarme la primer gota de transpiración. Miré a los costados y ya no había ninguna vereda por donde caminar. Miré el celular y parecía que el camino era el correcto. Putié. Seguí caminando. Definitivamente no es el camino, no existe ningún tipo de vereda por donde caminar y los autos casi que me tocan el codo con el espejo retrovisor. Pegué la vuelta y veo a lo lejos, un cartel que dice “International Airport”. Ahí vamos! Sigo las señales hasta que me encuentro con un puente, para variar, sin senda peatonal. Me vuelvo donde estaba, me siento, saco el celular y busco nuevamente. Bien, empezamos encontrando unos 50 sitios nombrados como “Aeropuerto Internacional de Sydney”. El mapa estaba mal. Las señas del señor, no fueron correctas. Mi espalda me empieza a molestar. Las botas de trekking no serían el calzado ideal para caminar por la calle de la ciudad. Veo, a lo lejos alguien caminando por una finita senda peatonal. Empiezo a caminar, miro la hora y ya había pasado una hora y media. Si son 4 kilómetros, todavía tengo 1 hora mas de caminata, pensé.
El camino era bastante intuitivo. Llegó un momento en que me sentía feliz de estar caminando de un punto a otro. Estaba fresco, había sombra y a pesar del ruido de los autos, veía aterrizar los aviones. A mi derecha, una especie de riachuelo. A mi izquierda, la autopista con cientos de autos observando al backpacker boludo que no quiso pagar los 5 dólares. A 100 metros veo que el camino se termina. Sí, lo que parecía una senda peatonal, desaparece en el asfalto de la autopista. Me detengo. Miro anonadado. “Me están jodiendo. Una de las ciudades mas caras del mundo y no pueden terminar una senda peatonal?? Me están jodiendo.” – fue mi primer reacción. Me senté, saqué la botella de agua… vacía. Nada mas para hacer. Era volver y tomarme el maldito colectivo de 5 dólares. Me resistí. Me tiré en el pasto, y me quedé mirando los autos. Pensaba… Si estuviese en Asia, alguno ya hubiese parado a preguntarme si necesitaba algo. Pero a pesar de que Sydney esta plagado de asiáticos, ninguno frenó. Me pregunto: ¿Por qué será que la gente cambia ciertos valores cuando se va a vivir a las ciudades?.

De repente, un ruido de motor diferente al que estaba escuchando, se acerca por la espalda. Me doy vuelta y veo a un gringo en una especie de monopatín motorizado, casquito de tortuga y mochilita negra. El flaco me pasó por el costado, me saludó con un “Good Ay!”y siguió andando. Me quedé mirando y esperando a que se de cuenta que no podía ir mas allá. Pero de repente, dobla a la derecha y desaparece. Me quedé pasmado. No lo podía creer. Me sentí en la película de Harry Potter. El flaco con monopatín, desaparecío de repente. Me levanté, me puse la mochila y salí encabronado. Resulta que en esa curva, donde parecía desaparecer el camino, atrás de guarda ray, había un paso peatonal. El monopatinista, posiblemente ya estaba en su casa contandole a sus amigos que había visto a un backpacker argentino desparramado en el pasto al lado de la autopista. No creo. De todas formas, mi estado de ánimo cambio cuando por fin, ví el cartel que decía… “Aeropuerto internacional 300 mts”.

Aeropuerto Internacional de Sydney a Circular Quay
Cuando pregunté donde podía dejar la mochila y el precio, recordé esas tardes en India donde pasaba por el día en la estación de trenes y dejaba la mochila por 50 centavos de dólar. Me pasa bastante a menudo eso de pensar en los precios de otros lugares que ya visité. A veces me pregunto… ¿Qué tendrá de especial un guardarropas en Australia que no tiene uno en India? Aquellos tiempos habían pasado. Estaba en la ciudad donde los koalas y los canguros aparecen en las tiendas de zapatillas de marca, donde un pescado con papas fritas cuesta 10 veces mas que en cualquier mercado de Asia, a pesar de que lo siguen trayendo del mismo lugar. Dejé mi mochila y le pregunté a quién me atendió, como podía irme al centro. Me indica muy brevemente: “Tomate el tren” y se retira de la caja. Claro, no debo ser el primero que le pregunta. Recargo mi botella de agua, gratis (debe ser lo único gratis en el aeropuerto) y salgo disparado para la ventanilla del tren.

– Hola! ¿Cuanto cuesta el pasaje al Circular Quay?
– 15 dólares.
– ¿Ida y vuelta?
– No, solo ida.
– EH??????
– ¿Quiere uno o no, señor?

Lo único que quería, era llorar. No conocía otra alternativa y tuve que pagarlo, pero en cambio de pagarlo en efectivo que tanto me costaba gastar, decidí que ese día iba a empezar a pagar todo con la tarjeta. Es una modalidad muy atractiva en estos países para quienes tienen brazos cortitos y no pueden sacar los billetes de sus bolsillos como yo. Apoyas la tarjeta, hace un “Piip” y podes usar el servicio. Se lo conoce como Paypass. ¿Querés un agua? Piip. Tuya. ¿Querés viajar en bondi? Piip. Viajas. ¿Querés una manzana? Piip. Manzana. El problema uno lo encuentra cuando hubo demasiados Piip en el día, y de repente nos encontramos con un “Fondos insuficientes” en la pantallita.
Con cara de miedo a que me sigan cobrando, me senté en el andén a esperar el tren. De repente, veo una especie de tren de 2 pisos, con gente que viajaba por debajo del nivel del andén y otros, 1 metro por arriba. Se abren las puertas, – cuidado con los 40 centímetros que separan el tren del andén – y me quedo mirando si voy arriba o abajo? Alguien me pregunta -¿subís o bajas?, – Lo que sea gratis, le respondo.

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Se escuchaban muchas personas hablando al mismo momento, por teléfono, por tablet, en persona, pero de repente escucho… “Jajajajja boludo! Dejate de joder!….” Fue como escuchar: Mi Buenos Aires querido! o No llores por mi argentina. Dos argentinos sentados frente a mi. Poné cara de Chino me dije a mi mismo.Pero los argentinos olemos a argentinos. Nos olemos entre nosotros. A veces disimulamos para que no nos vean, pero nos olemos. Los pibes me miraron. Yo los miré. Nadie dijo nada. Ellos siguieron hablando de minitas, de la aduana, del valor del dólar, y yo, escuchando después de 6 meses alguien hablar en español que no fuera Laura, me reía por dentro y tenía ganas de acotar. Me crucé a muchos argentinos. En el colectivo, en el tren, caminando en la calle, sentados en los restaurantes. ¿Será que todos buscamos lo mismo?.

Me bajé en la penúltima estación, Circular Quay. Caminé y seguí los carteles que decían Opera House. Caminé y me encontré con la Opera House y el Harbour Bridge. Ya no era una postal, ya no era una figurita de colección, ya no era un documental de televisión. Ahí estaban. Bajo el intenso sol de invierno, rodeado de una especie de río y barcos que no dejaban de ir y venir, mientras las gaviotas los perseguían por atrás. Caminé por los alrededores, saqué fotos, mire el puente famoso, saque fotos. Vi a las focas en los escalones, saque fotos. Saque unas 200 fotos y me acordaba de mis viejos diciendo… “Como no vas a ir a ver la Opera House!!!”. De todas maneras y a decir verdad, me pareció algo pequeño al lado del Taj Mahal o una pirámide de Egipto. Es comparar manzanas con peras, pero sigue siendo un edificio que identifica una ciudad, un país. Quizás hasta un símbolo del nuevo sistema, de la nueva sociedad. Quizás en el futuro, sea el monumento de nuestro tiempo, ¿quién sabe?.

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Sydney tiene ritmo de ciudad. Se camina, se atropella, se mira la pantalla del celular, se usan auriculares, se respira humo, se escuchar ruidos de construcción, se gasta y se paga caro. Eso ya lo dije varias veces. Sydney me gustó mas en mi segunda visita, porque a pesar de haber ido más cansado que la primera vez, me salí del recorrido típico.DSC_0470DSC_0580 DSC_1311 DSC_1271

Segunda visita a Sydney

La segunda visita a Sydney, en mi retorno de Nueva Zelanda, fue una revancha. Me dije a mi mismo… Sydney, no me vas a ganar. Te voy a recorrer a mitad de precio.

El primer punto positivo fue que pude ver el centro de Sydney desde el cielo. Una postal panorámica.
Cuando llegue al aeropuerto internacional, ya sabía que hacer. Caminé los 4 km hasta el aeropuerto local, sin perderme ni renegar. Dejé la mochila en el guardarropas y por si acaso, le pregunté a la señora que me atendió como hacía ella para ir al aeropuerto todos los días. Sincera, me dijo “En bus!”. Analice la opción en el celular, revisé el recorrido y noté que el colectivo pasaba por Bondi Junction. Por lo general, cuando hablamos de Junction en cualquier parte del mundo, se refiere a un lugar donde uno puede cambiar de transporte o empalmar con otras opciones. Y esta no era la excepción. Bondi Junction es uno de los empalmes principales donde podemos encontrar varios colectivos que nos llevan a varios puntos principales de la ciudad. Un empalme no solo se caracteriza por tener opciones de transporte sino mucha gente. Donde hay multitudes hay negocios. Donde hay negocios, hay ofertas. Así es, ahí encontré comida varia por 2 o 3 dólares el plato. Casi como en Asia.

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Desde este lugar es posible caminar o tomarnos un bus a Bondi Beach, una de las playas mas famosas de Sydney. Pero como yo tenía tiempo, elegí caminar. Por la tarde, visité Bondi Beach, me dediqué a ver como surfeaban, un poco de arte callejero, dormir una siesta en los barrancos, sacar fotos y comer mi comida barata.

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Ya era hora de volver al aeropuerto. Pero antes tenía que hacer una pasada por la Opera House de noche para poder verla iluminada. Justo hoy, el sereno se quedó dormido. Las luces nunca se prendieron. De todas formas, pude sacar algunas de la vista del puerto y la ciudad.

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¿Cómo ir desde el aeropuerto internacional de Sydney a Circular Quay (Opera House) de manera barata?

Resumiendo un poco la historia de la visita a Sydney, quisiera destacar este detalle para que otros viajeros no tengan que pagar una bestialidad de dinero solo en transporte para dar una vuelta por la ciudad. Mas vale, ahorratelo y comete un pescado con papas fritas frente al muelle.

Sydney tiene 3 aeropuertos:
T1 Vuelos internacionales – T2 Vuelos locales – T3 Vuelos locales solo Qantas
T1 se encuentra a unos 3.5 km de distancia de T2 y T3. Estas dos últimas, se encuentran conectadas por un túnel peatonal.
T1 y T2 cuentan con el servicio de baulera, donde podemos dejar nuestras mochilas o valijas si queremos recorrer mas livianos. Por lo general el costo por 7 horas es de 12 AUD.

Desde el Aeropuerto Internacional de Sydney a Bondi Junction y luego el centro de la ciudad.

Entre la terminal internacional y las locales, existe un servicio de colectivo que se llama T-BUS. Este servicio cuesta 5.50 aud y tarda unos 20 minutos entre terminal a terminal.
También podemos tomarnos el tren, en donde nos cobran algo conocido como GatePass. El precio del tren entre estos dos puntos es de 5.40 aud y tarda unos 5 minutos.

Si no estamos cansados, podemos optar por caminar. Se tarda aproximadamente 1 hora en llegar y el camino no es muy difícil de seguir. Simplemente, lee lo que escribí anteriormente para no llevarte ninguna sorpresa ni confundirte.

¡Pero todavía hay una opción mas!

Desde la T1 y T3, podes tomarte el colectivo 400, que conecta el barrio de Burwood con Bondi Junction. Cuesta 3,50 aud.

Si vas de T1 a T2 o T3, tenes que tomarte el colectivo con dirección a Burwood.

Si vas de T2/T3 a T1, te tomas el que va en dirección a Bondi Junction.

Si en cambio queremos ir a la ciudad desde cualquiera de los aeropuertos sin tener que pagar 33 dólares el pasaje ida y vuelta, podemos usar el mismo colectivo 400. Siempre con dirección a Bondi Junction.

Opción 1 – T1, T3 a Circular Quay vía Bondi Junction:

Nos tomamos el colectivo a la salida de T3 o T1. Nos quedamos arriba hasta que termine el recorrido. Nos bajamos y seguimos los carteles que nos indican la entrada al metro. Todo esta a la vista y no hay manera de perderse. Nos tomamos el tren con dirección a Waterfall y nos bajamos en Town Hall. Al salir de la estación ya nos encontramos en el centro de Sydney. Podemos caminar por cualquiera de las calles principales que van al muelle, y encontraremos el camino a Opera House.

Opción 3 – T1, T3 a Bondi Beach: Nos quedamos arriba del colectivo hasta que termine el recorrido. Nos bajamos y caminamos hasta la puerta A3 y nos tomamos el colectivo 333. El colectivo para unas 5 veces a lo largo de la playa, vos podes elegir el lugar que más te guste. Pero no te olvides que para volver a subirte, vas a tener que comprar el ticket en algun kiosco. Si no tenes Optus Card (una especie de SUBE en Argentina), vas a tener que comprar el ticket en los kioscos antes de subirte al colectivo.

Regreso: Para ambos casos, el retorno es simplemente el camino inverso. Solo se trata de cruzar de calle, tomarnos el colectivo que pasa por la vereda de enfrente o el tren que va en dirección contraria.

*Detalle interesante: Cuando llegues a Bondi Junction y estes esperando para tomarte el colectivo que te lleva a Bondi Beach, vas a notar que las paradas tienen una puerta de vidrio corrediza. No las podes abrir, así que no inténtes como hice yo. Solo quedate esperando hasta que llegue el colectivo y se abren automáticamente.

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3 Responses to Australia: De pasada por Sydney

  1. babs 24/10/2016 at 3:54 pm #

    aahhh que buena historia y forma de narrar, me he reido mucho !!! viajo a Perth con escala en sidney donde debo cambiar de avión (T1 a T3) con tiempo de 7 horas y andaba buscando como ir y volver al opera house y me he encontrado con tu texto ….

  2. A Velazquez 28/09/2016 at 5:09 am #

    Otra opcion para llegar barato ($3.4 dolares) a Circular Quay es caminar a la estacion de Mascot (basicamente la que le sigue a las del aeropuerto). Son 20 minutos caminando desde la terminal domestica (T2 o T3) o unos 35 minutos desde la internacional (T1). La linea con direccion a City Circle te lleva a directo a Circular Quay desde esta estacion.

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