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India: La joya del subcontinente indio, el Taj Mahal.

Podría resumir esta nota diciendo solo dos palabras en hindi: Taj Mahal. Pero entonces nadie seguiría leyendo. Es que se transforma casi en una obligación hablar de la visita a una de las 7 maravillas del mundo. Es casi inaceptable haber visitado este lugar y no escribir acerca de él. Y el problema es, básicamente, escribir acerca de él. Nuestro tío Google tiene casi todas las respuestas. Nuestra tía viajera Lonely nos cuenta prácticamente todo acerca del mausoleo. ¿Entonces? ¿Qué puedo decir de este lugar que no se haya dicho? Y así me encuentro, entre dos paredes de las cuales es difícil salir sin una historia. Dije historia… Sí! el Taj Mahal es uno de las construcciones históricas más impresionantes que he visto hasta este momento de mi vida. Es una belleza que solo puede haber sido inspirada por Dios. Muchos dirán… claro, miles de personas fueron explotadas para la construcción de esa tumba por capricho de un adinerado rey musulmán. Puede ser, pero olvidémonos de los prejuicios por un minuto y te propongo que te pares delante de esta majestuosa construcción y la observes con detalle…9¿Qué sentiste? Bueno, así encontré la historia. Encontré mi historia. La historia de una persona negada a visitar este impetuoso monumento por el simple hecho de creer que es un monumento más. De hecho, lo es, si no fuera por su perfecta simetría, por la pulcritud de sus pisos, por lo reluciente de cada una de sus piedras y por la energía que esta construcción emana.
Eran casi las 5 de la mañana y después de un largo viaje en bus desde los impenetrables Himalayas hasta las calurosas calles de Nueva Delhi (inclusive en esas horas de la madrugada) llegué como dicen por ahí, con el caballo cansado. Casi arrastrando la mochila, entré a la desaseada estación de trenes de Nueva Delhi. Esquivando los cuerpos que en el piso descansaban esperando la llegada del gallo que los despierte para avisarles que su tren estaba próximo a salir. Había tan solo una persona atendiendo en el mostrador, y me indica con el dedo índice a donde debía dirigirme. Un turista a las 5 de la mañana en la estación de trenes, probablemente no esté buscando otra cosa que comprar un pasaje para Agra. Así fue que, con toda la voluntad, tomé uno de esos formularios fotocopiados para solicitar un pasaje, lo llené y se lo dí al mismo que me indicó donde ubicarme. – 500 rupias, Bhopal Shatabdi, plataforma 1, 6:15 am – me dijo el sujeto sin mirarme a la cara. Metí una mano en su bolsillo transpirado y saqué un billete de 500 rupias con la simpática carita de Gandhi, el unico testigo del intercambio. – Pasas por ahí, subís las escaleras, cruzas todos los andenes, bajas donde termina la pasarela y esperas ahí, 6:15 hrs el tren parte para Agra, en punto – de nuevo lo dijo hablando al piso.
Seguí los pasos tal como me indicó el señor de la ventanilla, sin agregar un solo detalle más. Cuando llegué al andén me tiré de cabeza en el primer asiento metálico que encontré hasta el momento en que se anunció su tren. Con los ojos pegados y mi cara todavía marcada con pequeñas burbujas que la textura del asiento me dejo, me levanté y caminé sonambuleando al vagón que correspondía.
Al subir al tren comprendí por qué el pasaje de tren me había costado tanto siendo una distancia tan corta: asientos acolchados, aire acondicionado, música de avión, bandeja para comida y fragancia a lavanda salvaje de montaña. A simple vista se podía notar que este tren no era de los más baratos que tiene la India, no era como los anteriores en los que tenía que viajar colgado de la puerta o en los que tenía que tratar de abrir la puerta del baño sin tocarla, este tren era literalmente primera clase. Pasa un señor vestido de rojo, con gorrita y chomba del mismo color entregando a cada persona un diario, una botella de agua y, más tarde, desayuno, jugo y café con leche. No comprendía si era que estaba soñando o todo eso que pasaba era de verdad. Nadie me cobraba nada. Todo estaba incluido en el pasaje. Quise quedarme despierto para disfrutar aquel recorrido pero mis ojos no duraron más de media hora abiertos. Los efectos de haber sido batido durante 12 horas en un colectivo por los sinuosos caminos en descenso desde los Himalayas, haber dormido tirado en un banco pegajoso en la estación central de Delhi y ahora estar arriba de un tren tan confortable con AC, tenían sentido. En lo que pareció un pequeño abrir y cerrar de ojos, llegué a destino, después de 2 horas de viaje a la estación de trenes de Agra Cantt. No entendí mucho si estaba haciendo bien en bajarme, podría haber sido cualquier lugar, pero un par de gringos al lado de mío me dieron la confianza que necesitaba para dar el último paso afuera antes que el tren siguiera su marcha. Al salir de la estación de Agra me encontré con los efectos que genera el turismo desmedido en ciudades con un alto índice de pobreza: cientos de conductores empujándose entre sí y señalando a los turistas que salen para “adueñarse” de ellos. No tienen permitido acercarse a la puerta de salida de la estación, por lo que la gran masa de trabajadores se amontona frente a ella, señalan a su victima y así encuentran el cliente que les dará su comida diaria. Después de haber estado viajando por un largo tiempo en India, ya estaba acostumbrado a estas situaciones. Simplemente decidí ignorarlos y acercarme al puesto de autorickshaw prepago. Sabía de antemano que el precio sería más alto, pero evité arriesgarme a una negociación con el cansancio que cargaba. ¿Cuál hubiese sido el costo de ahorrarme unas pocas rupias negociando el precio directamente con un conductor? Bueno, lo que sucede generalmente en ciudades turísticas de la India. El conductor recibe menos dinero pero gana otro llevando a sus clientes a diferentes fábricas alrededor de la ciudad, obligando al cliente a bajarse y entrar en la fábrica para ver como se hacen los souvenirs, los cigarrillos y las miles de manufacturas que existen en este país.
Llegué al hostel que había reservado. El conductor se quedó en el salón de entrada del alojamiento como esperando que se le diera una propina o que el dueño del hotel le diera dinero por haber llevado a ese cliente a este lugar. Pero cuando informé que ya tenía reserva, la cara del conductor se transformó y el dueño del hostel salió ofendido a empujarlo fuera del establecimiento. – Bienvenidos a Agra! – dijo el encargado del hotel. – Estamos teniendo algunos problemas de electricidad estos días, espero que hoy no suceda. Lo voy acompañar a su habitación.- me dijo el amable señor en un inglés difícil de comprender. Salimos a una especie de patio interno, empapado con olor a Té con especias y frituras que venían del restaurante de al lado. Luego de cruzar el patio, entramos en una especie de pasillo en la segunda planta del edificio y cuyo piso era una especie de reja. Si pisabas mal, tu pie pasaba para abajo. Podías desde arriba ver todo lo que hacían abajo. Al abrir la puerta, una oleada de calor del tamaño de un espíritu de miles de años salió de la habitación y me pegó una cachetada como si se hubiera pasado del límite. – Espero que la habitación le sea agradable, comentó el hombre de poco inglés. Tiré la mochila, me pegué una ducha y me preparé para salir. ¿Pensaste que me iba a acostar a dormir? Sí, eso iba a hacer. Pero un cargo de consciencia, más, el malestar de estar en una cueva húmeda y calurosa me hizo cambiar de idea.  Agarré la botella de agua que para ese entonces ya estaba tibia, mojé un pañuelo y luego me lo colgué del cuello. Nuevamente en la calle había que buscar otro transporte. Eran casi las 11 de la mañana, demasiado tarde para visitar el Taj Mahal y quizás demasiado temprano para salir a la calle, pero en el camino, decidí visitar el Fuerte Rojo de Agra. Claro que el conductor no quería terminar su viaje ahí, entonces me ofreció un paseo por el Taj mahal, un paseo por la villa cercana, por los jardines del Taj Mahal, por la costanera del río y casi hasta me invita a recorrer la ciudad completa. Todo negociable! – no paraba de repetir el chofer. Por lo tanto, tener una actitud determinante en una situación como esta siempre es útil. – No, el Fuerte Rojo y nada más.
250 rupias de entrada, 100 de “audio guía” y 2 horas de caminata debajo de un sol abrazador de India en uno de los días más despejados del año fueron el recuerdo de aquella visita. Como pasa al final de un recorrido, no estaba seguro si lo que había recorrido era un museo, un fuerte, un castillo o una aglomeración de personas mirando algo que no sabía que era. Rojo, imponente y lleno de historia detallada en cada habitación, en cada pared y en cada rincón. El fuerte rojo de Agra me pareció mucho más imponente e interesante que el aburrido y abandonado fuerte Rojo de Delhi. Cuando salí del lugar, sentía que la suela de las zapatillas se derretía en cada paso que daba. El pañuelo que había llevado mojado para refrescarme en cuello, a pesar de haberlo mojado unas 4 veces en 2 horas, ahora estaba seco y duro. Hora de volver. Pero la verdad es que no estaba seguro si era la mejor decisión. Posiblemente mi habitación estaría el doble de caliente de lo que estaba a las 8 am. La ventana que daba al pasillo estaba cubierta por una especie de equipo de refrigeración cuyo ventilador daba a donde?.. Si, a la habitación. Pero según lo que pude ver, ese “equipo de refrigeración” no era más que un aire acondicionado del tamaño de una heladera, viejo e inútil porque ya no funcionaba. Lo único que me podía refrescar un poco mas era quedarme bajo la ducha fría el tiempo que fuera necesario. En un intento de refrescarme, subí a la terraza techada del hotel, en donde según el dueño, el aire fresco ayudaría a soportar el calor. Lo único que me ayudo a olvidar el calor por el que estaba pasando fue la vista impresionante del Taj Mahal desde esa terraza. Resplandeciente a tan solo 2 cuadras de distancia, un blanco inmaculado que parece emitir luz propia. Eso, me hizo olvidar por los primeros 5 minutos que subió, el calor que hacía en ese momento.1 3 7 10 12
Alrededor de las 4 de la tarde, decidí volver a salir ya que el sol había bajado un poco e iba a necesitar de unas 3 horas para poder visitar por completo el mausoleo. Salí caminando desde el hotel y al doblar la primera esquina con dirección a la maravilla, un grupo de vendedores se abalanzaron hacia mi, ofreciéndome todo tipo de esculturas del Taj Mahal en piedra, plástico, cartón, etc.  Casi todo tenía debajo una etiqueta que declaraba su lugar de origen “hecho en China”. Algunos vendían el típico souvenir de navidad, ese que cuando lo agitas, la nieve empieza a caer a causa del liquido que posee adentro. Pero en cambio de un trineo o un muñeco de nieve, adentro estaba el Taj Mahal que parecía cubrirse después de una tormenta de arena. En tan solo 200 metros de distancia de la puerta, tuve que poner mi mejor cara de póker y olvidarme que hablaba en inglés. Aunque siempre está en Indio que habla español. Al llegar a la puerta, vinieron 3 niños corriendo a mi ofreciéndome el servicio para cuidar los zapatos y diciéndome que no podía entrar al mausoleo con calzados. No faltó oportunidad para ver que todos los demás turistas locales entraban al lugar con sus calzados, así que decidí ignorar la sugerencia. Me dirigí a la boletería en la que un hombre me cobró la entrada, me entregó un par de cobertores descartables para los pies y un pequeño mapa del Taj Mahal. Unos metros adentro, un cartel informando el horario en que se encuentra abierto y una serie de advertencias indicando que no es posible entrar con comida, bebidas, armas, bombas o cualquier tipo de objetivo explosivo. Por suerte, no tenía nada de eso en mi bolsillo. A diferencia de lo que hubiera pensado, no había tal cola de personas esperando para entrar, ni tampoco un tumulto de turistas ocupando todo el lugar, además, que el predio es lo suficientemente grande como para traer muchos contingentes de turistas a la vez. El único problema se encuentra en la entrada, en donde todos, como yo, querían sacarse la típica foto sosteniendo en Taj Mahal con la punta de los dedos. Antes que eso, una fuerte emoción me abrazó al pasar la puerta y ver entre marco y marco, uno de sus sueños cumplidos. Había llegado al Taj Mahal. Dos semanas antes había estado parado frente a las pirámides de Guiza, que si bien son otra de las maravillas del mundo y un sueño a cumplir desde pequeño, no fueron para mi tan impactantes como lo fue la primera vista de este edificio. Una fuente de agua se extiende desde la entrada del predio todo a lo largo hasta el mismo edificio. Si por esas casualidades algún creativo se le ocurriera sacar una foto poniendo un espejo que divida el mausoleo y los jardines a la mitad, obtendría, inclusive contando los turistas que caminan por ahí, exactamente la misma imagen de un lado que del otro. No todo se mantiene desde la época en que este lugar fue construido, pero una vez adentro, es lo que menos importa.
A partir del momento de la entrada, hasta la salida, todo fue sorpresas y admiración. Las mezquitas que se encuentran dentro del lugar, el pequeño museo, el interior del Taj Mahal, el exterior, la vista al río, las 4 torres exactamente iguales que lo vigilan desde lo alto e inclusive, la media luna puesta en el techo del mismo, como para que nadie olvide que en este país cuya mayoría poblacional es Hindú, irónicamente su tesoro más preciado es este edificio musulmán construido hace más de medio siglo. “Al fin y al cabo, es otro edificio más”, pensé después de 3 horas de recorrido. Mientras caminaba y escuchaba el audio que me explicaba la historia del lugar, me senté  en los bancos que están entre los pasillos del jardín para imaginarme la situación, el lugar y el mismo formando parte de semejante construcción. Hay muchas leyendas y mitos sobre este lugar que, una vez que uno se encuentra allí puede comprender que no hay forma que sean de verdad, como por ejemplo, el intento de construcción de un Taj Mahal negro, en el lugar opuesto donde se encuentra el mausoleo de la ex mujer del rey Shah Jahan. 2 4 5 6 11
Como si fuera poco la visita de 3 horas al Taj Mahal, decidí levantarme al amanecer del otro día (a pesar de casi no dormir a causa del calor y los cortes de luz que invadieron la noche) para visitar los jardines que se encuentran frente al río. Cuando uno no mira el plano del complejo, cree como yo, que la entrada del Taj Mahal se encuentra donde está el río. Sin embargo, lo más gracioso de esto, es que no importa dónde estemos ubicados, este mausoleo es igual, de frente que detrás, de un costado que del otro. Y ahí estaba, sentado en una “moto taxi” que me llevaba al parque donde supuestamente se encuentran las ruinas de lo que sería el Taj Mahal negro. Pero nada de eso es posible ver ahí. Solo hay un montón de ladrillos que según el guardia me comentó (y de paso también me pidió una colaboración), existe una misteriosa construcción debajo de eso. Ahí quedó la mayor investigación que realice. Desde el otro lado del río aunque con poca agua, se ve majestuoso, casi flotando y como si fuera una foto colgada en el living de la casa, la postal del Taj Mahal. El complejo completo de lado a lado alumbrado por el gigante cuerpo naranja que sale a la izquierda. Mientras las campanas del templo hindú que se encuentra al lado no dejan de sonar las voces de diferentes lenguas del mundo empiezan a escucharse en este lugar. Pero, lo que más sorpresa me causó es pensar en la idea de que miles de personas alrededor del mundo, ricas o pobres sueñan, anhelan y quizás mueren por llegar a este lugar y presenciar este momento. Sin embargo, muchos de los humildes afortunados locales que viven en la costa del río, este paisaje tan codiciado es el baño e inodoro donde cada mañana se sientan a dejar que la naturaleza fluya mientras observan casi sin sorpresa la imagen de esa maravilla del mundo, deseada, anhelada por tantos multimillonarios que por más que quisieran, no podrían tener aquel amanecer frente a sus ojos mientras dejan su cuerpo fluir. Este monumento pertenece y pertenecerá siempre al pueblo que lo observa y que es dueño de él; a los niños que en la calle trabajan desde pequeños vendiendo souvenirs para poder ayudar a sus padres a mantener el hogar; a los que calientan las ollas con leche y té por las mañanas para servir a los miles de extranjeros que entran como ciegos al lugar; a la gran mayoría de los habitantes que sacan sus camas a la calle para poder dormir cada noche porque su reducido espacio por el que pagan, no les permite pegar un ojo sin hacerlos transpirar; al cobrador de la entrada, al chófer del autorickshaw, al dueño del hotel, al empleado que barre, al que fabrica las imitaciones de piedra caliza, a los que lavan la ropa cada día en la costa del río y a esos miles de monos salvajes que invaden la ciudad en búsqueda de comida en cada tarro de basura. El Taj Mahal es el reflejo de nuestra sociedad y está de pie para mostrarnos cada día que para mantener lo pulcro, brillante e impecable de su construcción, no solo se necesitan 20 mil personas que lo construyan, sino más de un millón que vivan el día a día de la mano de él y sufriendo por él, más otro millón de testigos que lo visiten para que siga siendo la maravilla del mundo que es y otro número incontable de almas que alrededor del mundo solo pueden llegar a soñar con conocerlo algún día.

Con este pensamiento, después de un largo día de viaje, retorné a la ciudad de Delhi en el tren de las 10:15 am. No tan lujoso como el anterior, pero con la mente completamente llena de sus recuerdos y experiencias. Delhi, nuevamente, mi próximo destino.


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One Response to India: La joya del subcontinente indio, el Taj Mahal.

  1. MARCELA 07/12/2015 at 10:28 pm #

    Hola! Podrias decirme que tren fue el que tomaste de Delhi a Agra, a la ida? Viajo sola a India, asustada en realidad con muy escaso conocimiento del ingles y me estoy mareando sin entender cuales son los trenes que puedo tomar, sin terminar durmiendo con el resto del pasaje uno encima del otro y sin tener ratoncitos entre mis pies. El tren que describiste de ida y la tarifa, es lo que estoy buscando!
    Entre a pagina web para sacar pasajes cle….algo… y muestran varios trenes pero no se de que se trata cada uno.
    Me encanta la forma que tienen de relatar sus viajes y lo especificos y detallistas que son al explicar.
    Entre lagrimon y lagrimon por el susto de tener la probabiidad de quedar encerrada en hotel con terror a salir a las calles de Delhi, jajaja, su blog ayuda y mucho! Recupere la esperanza de poder visitar mas que el aeropuerto y el hotel!
    Muchas gracias!

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